Y ahora, que casi no hablamos, casi no oímos y casi no sentimos. Me gusta escucharte cada fin de semana, con la voz temblorosa fruto del alcohol, diciendo cosas que nunca reconocerías. Y me encanta, la verdad, me gusta saber que estas ahí aunque no quieras estarlo ni lo aparentes. Sin embargo este fin de semana no me has llamado, y el cigarro de esta mañana de domingo, me ha sabido amargo, se me han acumulado los pensamientos y tengo una resaca de ti tremenda,
Sin haber tomado ni una gota.
¿Por qué no llamaste tú? No es lo mismo... ¿no? No sé.
Besos