El sábado gaste mucho, tuve que cocinar, metí la mesa de cristal a la terraza, me caí, creo que más de una vez, perdimos el autobús, llegamos a las tantas de la mañana sin un solo cigarro para dos fumadores empedernidos, no encontramos ningún bar abierto por el barrio, así que la ansiedad nos hizo desayunar una pizza jamón serrano acompañada por una ginebra con coca cola. Y caímos muertos en la cama.

Sin embargo... me reí tanto, bebí tanto, baile más aun y he fregado el doble que todo lo anterior junto, con gente tan especial y espacial, que este fin de semana he sido la mujer más feliz del mundo.