y que me caiga una lágrima mientras imagino que mis dedos con los tuyos...
Yo no puedo resistirme, no soy fuerte, ni tengo fuerza de voluntad.
Asi que lo siento, pero no puedo prometerte nada...
No te das cuenta de que el es una persona que solo llama cuando necesita algo de ti, la cuestión es... que cuando yo le llamo también esta.
¿Estará si le llamas tu?
Hoy solo puedo decir que me pareces patetico.
Ella cree que alli todo será diferente, que podrá volver a empezar, con gente mucho mejor y sensaciones distintas.
Piensa que podrá quitar todo lo que no le gusta de su vida y mandarnoslo aqui, en un paquete express. Si lo consigue, me llegará a mí, y tendré que masticarlo.
Pero se olvida de que vayas donde vayas, sigues siendo la misma persona. Que puede cambiar todo, pero ella no va a cambiar, no será más guapa, ni más lista, ni más hetero en otra ciudad.
Nunca la entendi, ni siquiera en aquel email que me decia toda la verdad, incluso que era un email por que era demasiado cobarde como para decirlo cara a cara.
Sus contradicciones, su provocación, sus escusas, su forma ridícula de pedir perdón, sin embargo esto era lo de menos, por que como también dice en el email yo siempre he estado ahí, para hacer lo que ella quisiera y le he consentido (y mal) todo lo que ha querido, como el que mal cria a un hijo dandoselo todo.
Y ahora vuelves, en otra piel, con otro nombre, para hacer lo mismo... y ya no se si estoy enganchada de la una o de la otra.
Ya no se nada...
Todo lo que me pasa... Es que estoy acojonada, de verdad, acojonada.
Y este miedo no me deja pensar, ni moverme, ni decir, que tengo miedo.
Mi piel te echa de menos, yo solo te necesito.
Intentas matarme. Intentas matarme con la palabra exacta en el momento exacto. Intentas matarme con una caricia, con un beso en la comisura de mis labios (que a saber que disfraza). Intentas matarme con tus manos, tocando el punto más peligroso en el momento de mayor tensión (esto ultimo hace ya tiempo que no) Intentas matarme y yo me dejo. Me dejo morir cuando te apetece y despues me quedo colgada del dia en que me mataste. Es como si me pusieras una horca y una silla resvaladiza, y no pudiese moverme hasta que vuelves a rescatarme, para despues matarme de nuevo.
Intentas matarme y yo (aveces) muero con la muerte más placentera de este mundo ( y seguramente de otros) hasta el punto en que podria, en algun momento en que la melancolía me puede más que la razón, suplicarte que me mates otra vez, pero esta vez del todo, sin un boca a boca posterior que me saque de esa muerte.
Que me mates para siempre, y seas, tu, mi último recuerdo, mi ultimo sabor.